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Tres culpables y un parte médico

Aquellos que nos vienen siguiendo tienen clara conciencia de quién fuera don Fernando Palop, de su impronta en el desarrollo de nuestra parla, así como en la recogida de hechos y anécdotas ocurridas entre nosotros, especialmente referidas a los años 20 del siglo pasado.

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Los jazmines de la Olaya

El Documento que hoy les presentamos, aunque por fecha de escritura y con todo merecimiento pudiera y debía haber formado parte de la colección de relatos titulado De otro tiempo…, aparece hoy, al inicio de un nuevo curso, para conocimiento de nuestros lectores como cabecera de los que durante este año esperamos ver publicados por deferencia de su autor.

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A nuestros viejos

Estos días pasados hemos celebrado un homenaje a Pepe Ciges mediante la lectura escenificada del sainetillo enguerino y en verso alizonenco, titulado: El cepillet de los dientes escrito en colaboración con Emilio Granero en 1958 y que puede ser visto en la web de La Fundación, 2 de abril de 2.013.

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El café España

Este amplio y recordado Café España, con suelo de madera y amueblado con mesas de hierro forjado y superficies de mármol blanco, sobre las cuales los jugadores de dominó golpeaban bicolores fichas que parecían de puro marfil, arrancándoles un sonido que se escuchaba al pasar por la plaza de la fuente, en aquellos años llamada “del Caudillo”.

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Donde menos lo piensas…

Este refrán tan popular no sólo sirve para identificar una cierta escena de caza. Se puede emplear en cualquier situación coloquial en la que en cierto momento de una rutinaria conversación, aparece una frase o una noticia que identifique algún hecho o situación que aclare cualquier duda sobre a que quien la escucha queda sorprendido, enterándose o descubriendo algo inesperado.

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La vaca Rosenda

Rosenda es una pequeña vaca que pasta en el prado que avecina con la casa de Doña Inés. Esta vecindad ha compuesto un curioso binomio entre la vaca y la mujer, y ello ha sido fruto de un sentimental concepto de la convivencia, cerca de por medio, entre ellas dos. Una, la mujer, descansa en el porche sobre una mecedora, mientras la otra, la vaca, ramonea la hierba. Un mugido, una risa, y el triqui-traca incesante del mecerse, son el idioma con que las dos parece que se comunican.

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La rama cortada

A finales de los años cuarenta del pasado siglo XX Enguera vivió un extraño pasaje, que estuvo cercano a convertir la denominada partida de Las Turmas en lugar de peregrinación religiosa. Dicha partida se encuentra situada a unos tres kilómetros del pueblo, en la carretera que conduce al caserío de “Benali”.

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Año 1950

En los años cincuenta del siglo pasado también había quien tenía ideas geniales, ¡incluso algunas se publicaban! Hoy hemos seleccionado dos pequeñas muestras de cómo se podía llegar no sólo a pensar sino, sobre todo, a escribir.

Por nuestra parte no hacemos sino mostrar dos pequeños reflejos de aquella Enguera que, como la de hoy, no se resigna a aceptar el papel que algunos le quieren asignar de convertirse en la reserva espiritual de no se sabe qué esencias.

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El tío Villa

Antes que el sol arranque los primeros destellos en el espejo del agua, o sobre el satinado mármol de la fuente, ya el Mercado ha cobrado vida. Y en él, el puesto de “Venta de Salazones”. Aquel puesto, (una mesa con mástiles para sostener el toldo que igual servía para los días de lluvia como para los de implacable sol del verano) como la blanca tela de un velero de tierra adentro, ya está allí, como todos los sábados de toda la vida. (Los sábados es el día de Mercado) Siempre ocupando la misma esquina de la misma plaza, salvo por obras o en días de feria.

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La reincidencia del recuerdo

Enguera es tierra de hombres y mujeres, que no se resignan a vivir marginados en su propio destino. Durante la ya larga historia de esta tierra, los enguerinos, han sabido adaptarse a los tiempos y sacar de ellos lo mejor, como lo demuestra la constante lucha contra los inconvenientes de una tierra flaca y sacarle cosechas para mantenerse, y aún para intercambiar mercancías con otros lugares. Viñas, olivos, algarrobos, almendros, y todo aquello que era endémico del secano mediterráneo. De los pinares de su extensa sierra, propiedad del pueblo, salió remedio para muchas carencias colectivas.

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